Pudo haber dicho ser y no ser
Por: Lucía Martínez
Fotografía: niña campesina ecuatoriana, Chimborazo, Ecuador. Lucía Martínez
En ese entonces nadie pensaba en pruebas de ADN; y con una buena historia y una buena cara se podía convencer… y claro que convenció.
Todo comenzó en un pequeño pueblo, sus padres la dejaron al cuidado de sus abuelos maternos, pero la vida transcurría tan lenta y se sentía tan olvidada, que aun siendo niña tomo las riendas de su vida y se fue a la gran ciudad.
Nadie entendió como llego, esa historia nunca la conto. Pero tuvo que enfrentarse al correr de la ciudad, a la indiferencia de la gente y a perder su identidad. Pasaron unos años y un día recordó quien era y con esos recuerdos creo una historia, nunca supimos si todo era verdad.
Sola, incomprendida, huérfana de la vida, y un poco loca; pero hermosa ante el mundo. Nunca estuvo en un sitio por mucho tiempo, esto hacia que su historia se alimentara todos los días.
Un día la encontré y quise saber un poco más, de la misma forma pudo haber ido a otros lugares y contar otra historia; pero no, ella decidió que esa era su historia y por lo tanto esa era la que contaba. Cuando pregunte me conto la misma historia contada ya varias veces y que siempre la hacía vulnerable; pero no solo la hacía, era vulnerable.
Nuestros encuentros siempre comenzaban con su historia a la cual todos los días enriquecía con nuevos, datos, sucesos, alegrías y decepciones; llegue a pensar que era fruto de mi imaginación pues después de muchas reuniones un día no la volví a ver. ¿Que habrá sucedido con esa niña? Dueña legitima de ese contar, de esa historia.
¿Dónde fue su último sueño? ¿Quién más la conoció? ¿Contará ella la misma historia? ¿A quién más la conto? Tal vez está en este mundo buscando un sitio donde pasar, unos brazos amigos donde llorar, una voz a la cual escuchar!
Nunca supe en qué momento la perdí de vista y nunca más la volví a ver; tal vez no quería verla para así asumir su papel, para contar su historia, para sentir su historia.
Pasado el tiempo me escucho preguntarme: “¿Quién soy?... Perdí tantos recuerdos por culpa del refrán que dice: “la buena memoria es la que está enseñada a olvidar lo trivial”… Y ahora no se realmente quien soy.”
Conocí a la dueña de su nombre hace muchos años, cuando éramos niñas y ella inocente y emotiva me contó su historia. Me enamore de su vida de desapego, vulnerabilidad y soledad. Me enamore tanto que asumí su papel, su identidad, me apropie de su vida, de su historia!
Me identifique tanto con su historia a tal punto que la niña que conocí no la quise volver a ver!
Ahora en los ratos que trato de recordar el pasado y que vuelve el refrán a mi memoria, el refrán que tantas veces me consoló y la consoló y fueron tantas que nos convenció; pues hoy no logro recordar si conocí a la niña o si la niña soy Yo!

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